sábado 7 marzo 2026
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POR OPONERSE A PENALIZAR EL ABORTO, A FRANCISCO MIXCOATL LE DIJERON ANTICRISTO; HOY, EL EXPRESIDENTE DE LA CEDHT DICE QUE EL TIEMPO Y LA SCJN LE DIERON LA RAZÓN


8 diciembre, 2025

(Fabián Robles/8 de diciembre 2025) Hace una década, feligreses le colgaron el epíteto de Anticristo. Sentado en el banquillo de los acusados enfrentó a miles de católicos en una marcha histórica, al poder político (representado por un grupo de diputados locales) y al poder celestial (personalizado por el entonces obispo Francisco Moreno Barrón).

Los representantes de esos poderes lo presionaron para exigirle que se desistiera de la acción de inconstitucionalidad que promovió para despenalizar el aborto en Tlaxcala.

Siendo presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Tlaxcala (CEDHT), Francisco Mixcoatl Antonio, fue blanco de severas críticas que, incluso, lo orillaron a cambiar de escuela a sus hijas para que no siguieran recibiendo ningún comentario zahiriente de sus compañeras, merced a su decisión como ombudsman de defender los derechos de las mujeres tlaxcaltecas.

Entrevistado a propósito de la sentencia emitida la semana pasada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) con relación al aborto en Tlaxcala, Mixcoatl Antonio recuerda parte de lo que vivió hace una década cuando promovió una acción de inconstitucionalidad para despenalizar esa práctica en el estado.  

Aquí, la entrevista completa:

—¿Cuál es su opinión en torno a la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) de invalidar diversas disposiciones, tanto de la Ley de Salud local. como del Código Penal del Estado de Tlaxcala, relacionadas con el aborto?

— Es una lucha que reivindica los derechos de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo, a decidir sobre el libre desarrollo de su personalidad. Creo que era una lucha que ya se había iniciado hace algunos ayeres y que hoy, con esta sentencia a esta acción de inconstitucionalidad, reivindica todos estos derechos en beneficio de este sector que históricamente había sido este violentado. En este caso, por ejemplo, de las víctimas de violencia se requería que se diera vista al Ministerio Público, se abriera una carpeta de investigación y todo eso criminalizaba, estigmatizaba y también se negaba el derecho a la salud. Creo que se dio un gran avance para el estado de Tlaxcala por esta lucha que ya llevaba un buen tiempo y hoy se viene a consolidar. Qué bueno que se dio esta sentencia.

—¿Coincide en lo que dice el Grupo de Información en Reproducción Elegida, el Gire, que considera que, precisamente se da un paso a favor de la justicia reproductiva en México?

—Así es. Esta es una lucha que, obviamente se encuentra ante dos posturas: quienes dicen son liberales y quienes marcan también una posición muy conservadora; mi respeto. Pero aquí lo que hay que poner en el centro del debate y en el centro de la discusión es quién es el afectado o afectada que tiene que decidir. O sea, no tiene que haber factores externos: ni el Estado, ni la Iglesia, ni posiciones ideológicas. Aquí solamente lo que se hace valer es la dignidad de la persona a decidir también sobre su propio cuerpo y al libre desarrollo de su personalidad. Entonces, es una un hecho que reivindica todo este marco de libertades en bien de la persona y, en este caso, en especial, de las mujeres.

—Maestro, en esta determinación de la Corte lo que me llama la atención es que se dé a partir de una acción de inconstitucionalidad, la 89/2024, promovida desde el Ejecutivo Federal. Eso es de llamar la atención.

—Sí, mira, efectivamente lo hace el Poder Ejecutivo Federal a través de la Consejería Jurídica ¿por qué?, porque por desgracia en Tlaxcala la gente es timorata, bueno, no la gente, los servidores públicos, quienes ostentan o quienes tienen la facultad para interponer este tipo de acciones, son timoratos, conservadores y, lo más lamentable, es que no hacen su trabajo. Quienes tendrían que hacer su trabajo no lo realizan para estar vigilando que el marco jurídico no violente los derechos humanos de las personas, pues no lo hacen sencillamente. Por ejemplo, la tontería del Congreso del estado de estar defendiendo lo indefendible. Y, por otro lado, el Poder Ejecutivo local trata de pedir una improcedencia cuando no existía. Pero esta es una lucha que no se acaba y hay que seguir ahora, no solamente desde el contexto legal, sino en la práctica cotidiana e ir fomentando este respeto y no como luego lo hacen cada mes que se ponen su moñito y ya por eso piensan que reivindican.

—Maestro, sin duda alguna que en todo esto, una gran responsabilidad o irresponsabilidad, como se le quiera ver, pues sin duda que recae en el Poder Legislativo de aquí del estado, donde hemos visto como a lo largo de los años privilegian el credo personal a una labor que tendría que ser distinta…

—Así es. Por desgracia, diputados, diputadas, y sobre todo sus asesores, que es lo peor, secretario técnico o quien está al frente de redactar las leyes, pues se dejan llevar, cuando debe de privar un grado de ética para el momento de dar un punto de vista y decirles “oigan, pues aquí se está vulnerando este derecho, se está atacando la dignidad, no podemos exponer eso”. Sin embargo, vemos que no. Creo que hay una responsabilidad compartida porque una vez que se manda al poder revisor, que en este caso es el Ejecutivo del estado, pues tendría que hacer uso de su derecho de veto y no lo hicieron. Entonces, hay responsabilidades compartidas entre esos poderes.

—Y sobre todo considerando, maestro, que, como bien lo resuelve la Corte, fueron disposiciones en la Ley de Salud y en el Código Penal, inconstitucionales a todas luces.

—Así es, sí. A todas luces fueron inconstitucionales porque atacaban directamente el derecho a la igualdad, el derecho a la salud, el derecho al artículo primero en materia de igualdad de derechos para todos, el derecho a no ser discriminados en este caso, al derecho a la seguridad jurídica. Toca ahora recomponer y decirle al Congreso del estado legisla bien, porque si no vas a estar siendo revisado en tus actuaciones.

—Tengo entendido que ahora, para que cobre vigencia esta sentencia de la Corte, se tiene que publicar la misma en el Diario Oficial de la Federación, en el Periódico Oficial de aquí de Tlaxcala y también en la Gaceta del Poder Judicial, pues sus efectos van a aplicar a partir del día siguiente. ¿Qué le toca hacer después de esta sentencia de la Corte al Poder Legislativo de Tlaxcala?

—Pues básicamente declarar la invalidez en base a la acción de inconstitucionalidad, a la sentencia que en este caso dictó la Suprema Corte, acatarla. Esto implicaría eliminar los artículos impugnados, derogarlos. Se tiene que acatar tal y como venga, como está ordenado en la propia sentencia de la que emana esta acción.

—Maestro Mixcoatl, en su momento fuiste presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos y también en su momento viviste una etapa muy complicada con este tema, incluso con la Iglesia, con el obispo de aquel entonces, Francisco Moreno Barrón. Estoy hablando de abril de 2015, cuando incluso hubo una marcha que terminó allá, frente a las instalaciones de la Comisión. Una marcha muy dura.

—Sí, mira, yo por eso ahora que veo esta sentencia, la verdad me llena de nostalgia saber que, en su momento, nosotros pudimos contribuir. En ese tiempo, el clero, los mismos diputados se oponían. Incluso hoy por ahí anda de rector de la autónoma uno que me exigía que fuera yo a desistirme cuando yo le dije “pues usted es doctor, ¿cómo me voy a desistir, si no se trata de un derecho mío?”, y no procede el desistimiento.

—¿Te refieres a Serafín Ortiz?

—No voy a mencionar nombres, solamente así lo voy a dejar. Pero fue una lucha ácida y pues incluso estuve en el banquillo de los acusados por todos los que conformaban la Junta de Coordinación y Concertación Política (del Poder Legislativo) obligándome en ese momento a que me retractara. No, no lo hice.

—Tú promoviste la controversia constitucional 41/2015, ¿verdad?

—No, fue una acción igual de inconstitucionalidad, no recuerdo el número.

—¿Por qué pugnabas en ese recurso, maestro?

—Ah, porque se pretendía criminalizar a las mujeres cuando por violación se practicaran el aborto, y cuestiones muy regresivas que en ese momento había o estaban ahí en el Código Penal. Querían que se volvieran a tipificar esas causales para responsabilizar a las mujeres. Entonces yo, en ese momento, decía que no, que los derechos son progresivos, no regresivos. Entonces, en ese tiempo se interpuso esa acción de inconstitucionalidad para que no se criminalizara la mujer cuando el producto viniera mal congénitamente, por alguna deformación o cuando fuera producto de una violación.

—Estamos hablando de que ya pasó una década. Poquito más de una década de ese recurso que promoviste.

—Sí, ya tiene sus días, ya tiene su tiempo. Incluso, eso hizo que fuera un escándalo a nivel nacional, porque en ese momento no había muchos avances en tema de del aborto, en el tema de los derechos reproductivos de las mujeres. Eso dio lugar a que el clero, todo el Episcopado se reuniera y expusiera que, si se dejaba pasar esa acción de inconstitucionalidad y se llegaba a ganar, pues eso iba a romper un paradigma, iba a ser un paradigma para el Estado mexicano. Fue una lucha ideológica entre el clero y entre una institución que en ese tiempo yo representaba como lo era la Comisión Estatal de Derechos Humanos.

—Incluso, maestro, cómo olvidar esa marcha encabezada por el entonces obispo Francisco Moreno Barrón y en la que participaron miles de personas. Pero también, cómo olvidar que hasta las instalaciones de la Comisión de Derechos Humanos llevaron cajas, muchas cajas que contenían hojas en las que estaban plasmadas algo así como 130 mil, 132 mil firmas de gente que se oponía a esta determinación de despenalizar el aborto.

—Efectivamente. Yo lo recibí y dije que la Comisión está abierta a todo tipo de planteamientos. Obviamente los dejé que ejercieran su derecho a la libertad de expresión, pero yo tenía que estar del lado de donde privaban los derechos, y en ese momento los derechos eran a favor de las mujeres, pero también era escucharlos para que no dijeran que yo cerraba las puertas de la Comisión. Yo mismo dejé que pusieran su templete para exponer sus posturas ideológicas, las cuales yo también les dije son muy respetables, pero como ombudsman en ese momento mi papel era defender la dignidad de las mujeres.

—Fueron muchas cajas de cartón las que te llevaron con esas firmas, maestro. ¿Tú recuerdas más o menos cuántas fueron?

—No tengo yo ahorita una cifra exacta, pero sí me llegaron ahí las cajas, yo las recepcioné, me comprometí a analizarlas solamente y dar lo que por ley les tenía que dar su cauce porque también era un ejercicio de su derecho de petición y yo de eso pues también soy muy respetuoso. El ombudsman es una institución abierta, plural, interseccional, que debe estar siempre escuchando y protegiendo los derechos, la dignidad humana.

—Maestro, recuerdo que también en aquella marcha hubo una cantidad importante de personas que te colgaron cualquier cantidad de epítetos. Te ofendieron…

—Sí, era parte de este de este juego de lucha este ideológica, pero solamente era aguantar, aguantar porque también sabíamos que no podíamos doblegarnos. Por un lado, era la iglesia; y por otro, muchos actores políticos que se oponían para quedar bien políticamente. Pero yo no tenía que quedar bien políticamente con nadie, más que con el puesto al cual yo había protestado que era la defensa de la dignidad de las personas.

—Incluso, recuerdo que hubo también quienes hasta cuestionaron que cómo era posible que tú siendo padre de familia te pronunciaras en favor del aborto.

—Exactamente. Era un asunto de mucha confrontación donde, incluso, yo fui objeto de las homilías, de arengas. Me acuerdo bien que había arengas donde decían que ya el Anticristo había regresado y cuestiones de ese tipo, pero se hizo valer en ese momento lo único razonable que se tenía que hacer: defender la dignidad de las mujeres.

—Precisamente, por tratarse de una decisión, una posición sumamente complicada, espinosa, ¿tú lo platicaste en el seno de tu familia?

—Sí. Incluso, a mis hijas en un momento las tuve que cambiar de escuela porque (a donde iban) ahí ya les empezaron a decir “oye, ¿cómo está tu papá a favor del aborto? ¿Cómo quiere lo peor?”. Y entonces yo les dije ustedes tranquilas, platicamos este tema y pues afortunadamente siempre como familia estamos unidos y creo que ellas también entendieron el papel que en ese momento a mí me tocaba de estar desempeñando y aguantamos hasta el último. Creo que en ese tiempo salieron ganando las que en ese momento eran el sector vulnerado, las mujeres.

—En esa marcha tú subiste al templete que pusieron ahí frente a la Comisión y prácticamente te crucificaron…

—Exactamente, empezaron a gritar y todo, pues yo aguantando, porque en ese momento el señor obispo me invita a dar unas palabras a sus feligreses. Y pues, obviamente, era la rechifla, pero yo aguanté, y posteriormente los ánimos se fueron calmando. Yo fui dando mi postura que era de mucho respeto a lo que ellos estaban manifestando y que, en su momento, quien iba a decidir no era yo, sino la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Yo solamente estaba haciendo mi trabajo como lo mandataba la propia ley.

—¿Una postura de progresividad?

—Pues mira, no sé si en su momento lo era. Simplemente era hacer la chamba

—Recuerdas que recibiste presiones tanto de diputados, y supongo que del gobierno también. ¿Cómo fueron esos momentos? ¿Cómo fue, incluso, el encuentro que tuviste con el entonces obispo Francisco Moreno Barrón?

—Pues mira, con el señor obispo, hoy ya difunto, fíjate que fueron momentos de mucha tensión.

—Te sentaste a desayunar con él…

—A mí me invitaron a una plática, un desayuno. Sí, precisamente, pero cuando yo voy al desayuno, ellos (el clero) ya habían declarado que yo estaba a favor del aborto. Cuando apenas íbamos a empezar a discutir este tema, ya me habían dado ellos el primer zarpazo, el clero ya se había pronunciado de que la Comisión (Estatal de Derechos Humanos), el ombudsman, estaba a favor del aborto. Yo aguanto, siempre aguanto. Llegué al desayuno, posteriormente se juntaron ahí los (diputados) representantes de la Junta de Coordinación y Concertación Política, con una postura servil totalmente, en ese momento ideológicamente conservadora. Y yo, aguantando, sin inmutarme, aguantando las embestidas, no rajarme, porque si no, pues ahí también iba a mostrar mi mayor debilidad y creo que ellos vieron que yo no iba a ceder.  Ahí se me pedía que me desistiera de esa acción (de inconstitucionalidad) y yo les dije no, yo no voy a desistir porque no es un derecho, no se están violando mis derechos ni los de mis hijas ni los de mi familia, se están violando los derechos de las mujeres.

—¿Cómo fue el encuentro con el obispo, maestro? ¿Fue muy duro? ¿Te reprochó? ¿Te amenazó con excomulgarte?

—No, fíjate que no. Pero sí de mucho nerviosismo. En ese momento quien era el gobernador del estado, don Mariano González Zarur, fue muy respetuoso, él no se metió ni para bien ni para mal y dijo lo que determine la Corte nosotros acataremos. Más bien era un tema entre el Congreso y el clero que se unieron en contra de un simple mortal porque yo representaba la CEDHT, ellos representaban al Legislativo, y a poder que no es para nada menor como lo es el de la iglesia.

—¿Recuerdas las palabras que te dijo el obispo?

—Así con exactitud no, no recuerdo. Pero sí lo que veía yo era mucho nerviosismo. Y creo que él estaba muy presionado por el Episcopado de que no dejaran pasar esa acción de inconstitucionalidad, y buscaban, a como diera lugar, que me desistiera ¿por qué? porque eso iba a detonar otra vez el debate, sobre todo por lo que Tlaxcala representaba: el estado más pequeño, visto muchas veces muy conservador y cómo de la noche a la mañana hiciera eso, porque todos esos temas siempre salen de Ciudad de México, que era un parteaguas, un paradigma en temas de derechos de progresividad y cómo era posible que ahora saliera de una provincia. Eso era lo que les causaba mucha puya, mucho escándalo, porque eso iba a derivar que en los demás estados se viniera en cascada esa tendencia.

—Maestro Mixcoatl, tú eres católico…

—Mira, te voy a decir una cosa. Yo creo, sí, creo en un ser, soy creyente, soy muy respetuoso. Creo en un ser superior, pero también respeto todas las religiones, todas. Soy muy respetuoso de las creencias.

—¿Esa parte te puso en conflicto, con tu yo interno, con tu responsabilidad como ombudsperson que tenías en ese momento?

—No, fíjate que no. Sí te genera a veces mucha incertidumbre, pero era más bien una incertidumbre política porque no estabas luchando, no estabas confrontando a cualquier cosa, estabas confrontando a un poder público y estabas confrontando al poder que maneja la conciencia, el poder que maneja las creencias en este en este país, en esta tierra.

—Y sobre todo en un estado donde mayoritariamente la población es católica…

 —Exactamente, ese era el tema, es mayor mayoritariamente católica. Se trata de una provincia, si quieres de una sociedad muy moderada moralmente, conservadora, y creo que eso era lo que más llamaba la atención.

—Diez años después, maestro, ¿el tiempo te dio la razón, la Suprema Corte te dio la razón?

—Hoy veo y la verdad digo qué bueno. Qué bueno porque fue una lucha que se inició hace cuántos años y que hoy se viene a consumar. Lo malo es como te digo: esa acción (de inconstitucionalidad) tuvo que interponerse desde fuera y no desde los propios actores quienes están facultados para ejercitarla. Es una lucha ideológica que con esto no queda ya ahí cerrado el caso. Ahora, yo creo que lo importante es socializarlo y concientizar que cada quien decida con su propio cuerpo, que lo haga en conciencia, que lo haga con sus propios valores, sin presiones, con sus propias convicciones y también cuidando las cuestiones éticas y si quieres tú hasta sus cuestiones morales. Que cada quien decida hacer con su propio cuerpo, pero en un marco de libertad y de respeto hacia terceros.