viernes 6 marzo 2026
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EL ESTADO NO DEBE CLAUDICAR


24 febrero, 2026

(Juan Manuel Cambrón/24 de febrero 2026) Lo ocurrido el domingo marca un punto de inflexión, el mensaje es puntual: el Estado mexicano no puede abdicar, no debe claudicar su responsabilidad de combatir a quienes desafían su autoridad.  El abatimiento del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación Nemesio Oceguera “El Mencho” no es un hecho menor, por lo que no hay espacio para ninguna mezquindad política. 

Primero lo primero: reconocimiento a las Fuerzas Armadas y a las instituciones de seguridad que participaron en el operativo. Cuando el Estado actúa para imponer la ley frente al crimen organizado, corresponde respaldarlo. La autoridad que combate a quienes siembran violencia merece respaldo institucional, sin cortapisa.

Durante años advertimos que la política de “abrazos” del sexenio anterior envió una señal equivocada, ya que en la práctica otorgó un salvoconducto para los grupos criminales que expandieron territorios, fortalecieron estructuras y normalizaron la violencia, sabiéndose impunes e intocables. La acción de confrontarlos en sí misma es un viraje en la estrategia federal que debe celebrarse.

No obstante, reconocer no implica aplaudir sin cuestionar; porque lo sucedido dejó escenas que no podemos ignorar: ciudades sitiadas, bloqueos, incendios, miedo en las calles, familias encerradas, comercios vandalizados; permeó una sensación de que el poder de fuego de las organizaciones criminales puede paralizar regiones enteras.  Y aquí surgen preguntas inevitables: ¿qué sigue? ¿Habrá una estrategia integral para estabilizar las zonas afectadas?, supongo que García Harfuch, quien ha demostrado ser un funcionario eficaz, lo tiene contemplado ¿Se reforzará la presencia institucional para devolver la normalidad? Pienso que esto debe ser prioridad de la presidenta Claudia Shembaum. ¿Se protegerá a la población civil de represalias? Es la principal preocupación del pueblo de México. ¿O será un golpe aislado sin continuidad? Deseo por convicción republicana que no sea así.  Si el combate se limita a capturas o abatimientos mediáticos y estridentes solamente, el vacío lo ocupará otro liderazgo criminal en cuestión de semanas, como la propia experiencia mexicana lo demuestra.

Si el Estado ha decidido ejercer plenamente su fuerza legítima, entonces debe hacerlo de manera completa: cortar las fuentes de ingreso y desmantelar redes financieras, golpear el trasiego de droga, combatir el secuestro, frenar la desaparición forzada, impedir el reclutamiento de jóvenes y cerrar el paso a la infiltración en autoridades locales.

Y aquí, Tlaxcala no puede asumirse simple espectador. Nuestro estado no vive aislado de las dinámicas nacionales. La delincuencia organizada no reconoce límites territoriales ni discursos complacientes. Si el gobierno federal ha decidido rectificar y ejercer la autoridad, el gobierno estatal debe asumir con seriedad su parte: fortalecer policías municipales, transparentar resultados, coordinar inteligencia y dejar de minimizar lo que la ciudadanía percibe.

Lo del domingo es una señal importante, donde el mensaje de fondo debe ser aún más claro: en México manda el Estado, no los cárteles.  Ante ello, hoy corresponde cerrar filas en torno a la legalidad y a las instituciones, lo que significa respaldar al gobierno federal.  Mañana corresponderá exigir resultados sostenidos.

Y si este es el inicio de una nueva etapa, que sea una etapa completa: sin simulación, sin titubeos y sin nostalgias por políticas fallidas, sin culpar al pasado y sus actores, asumiendo la conducción política y la responsabilidad del presente, no hay más; porque un Estado que duda pierde autoridad, pero un Estado que actúa a medias pierde credibilidad; y estoy convencido que México ya no resiste más medias tintas.