6 febrero, 2026
(Fabián Robles/6 de febrero 2026) Tras descubrirse la operación de una exclusiva estética que funciona los días de sesiones en el Senado de la República, ahora se sabe que uno de los proveedores de esa área tiene su domicilio fiscal en San Sebastián Atlahapa, municipio de Tlaxcala y que de las finanzas de la Cámara Alta del Congreso de la Unión obtuvo pagos por la venta de distintos productos de belleza.
El pasado miércoles fue tendencia la información de reporteros de Proceso y Reforma sobre un cubículo en la sede del Senado al que suelen acudir algunas legisladoras para su arreglo personal. De hecho, la pevemista Juanita Guerra Mena fue sorprendida al momento en que una estilista le aplicaba un tinte.
El salón de belleza está en el segundo piso de la sede de la Cámara Alta, en un espacio que antes funcionaba como oficina de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).
Tras la publicación de algunos videos en los que se aprecia cómo funciona ese espacio, personal del propio Senado clausuró la puerta de esa área, con lo que dejó de operar. Ayer fueron retirados los sellos respectivos.
En medio del escándalo que generó ese hecho, la presidenta del Senado, Laura Itzel Castillo, salió a defender las operaciones de esa estética y aseguró que cada una de las legisladoras paga de su peculio los servicios de belleza que requieren, por lo que no se usa dinero público para comprar cosméticos ni para cubrir el trabajo de las estilistas que atienden ahí.
Sin embargo, documentos públicos evidencian que el Senado de la República sí ha utilizado recursos del erario para la compra de productos de belleza, aunque no precisamente para surtir la demanda de esa estética.
Facturas a las que tuvo acceso este medio demuestran que, al menos en el ejercicio fiscal de 2024, la Cámara Alta utilizó de sus finanzas casi 200 mil pesos para pagar compras que hizo al proveedor Gustavo Nava Muñoz —ligado por algunos medios al senador morenista Adán Augusto López—, quien supuestamente tiene su negocio en el municipio de Tlaxcala.
A través de la empresa Comercializadora Aureo, en agosto de 2024 ese hombre vendió al Senado de la República desde maquillajes, labiales, spray para el cabello y hasta pasadores, entre otros productos, por los que cobró 194 mil 174 pesos. Esos artículos —adquiridos a sobreprecio—fueron destinados al Canal del Congreso, según el contrato respectivo.
Pero esas ventas no fueron las únicas que hizo ese proveedor al Senado: en octubre de 2024 le suministró refrescos en lata, miel, azúcar, leche, té, café y desechables, entre otros, por los que cobró 464 mil pesos.
Aparte, en febrero de 2025, el Senado le adjudicó un contrato por 260 mil pesos por la compra de diversos productos de papelería, y en mayo de ese mismo año le fue asignado otro convenio para adquirir desde navajas, hasta aspiradoras y taladros por un monto de 2 millones 311 mil pesos.
Y no solo eso: Gustavo Nava Muñoz también ha hecho negocios con la Cámara de Diputados, según facturas que datan de 2025, le compraron comida para perros y productos farmacéuticos que incluyeron pastillas anticonceptivas, mejor conocidas como píldoras del día después.