20 febrero, 2026
(Fabián Robles/20 de febrero 2026) El 13 de febrero de este año el camino de madre buscadora de Helen Lo Gu —como aparece en redes sociales— llegó a su final, uno que jamás imaginó “pero que necesitaba para poder respirar”.
Ocho años, cinco meses y tres semanas después de la desaparición de su hija Elena Liliette Álvarez López, por fin supo dónde encontrarla: en una fosa común del Servicio Médico Forense (Semefo) de Tlaxcala.
Todo ese tiempo imperecedero, los restos de la joven estuvieron en calidad de desconocida nomás por graves omisiones de funcionarios de la Fiscalía General de Justicia de Ciudad de México.
La víctima desapareció el 20 de julio de 2017. Ese jueves fue la última vez que se le vio caminar por calles de la colonia Josefa Ortiz de Domínguez, en la alcaldía Benito Juárez. Muy temprano, salió de su casa, en Tecámac; iba a su trabajo y ya no volvió.
“Desde ese día mi vida se partió en dos. Viví entre la esperanza y el dolor, entre la fe y el miedo, pero nunca dejé de buscarla. Nunca dejé de decir su nombre. Hoy mi niña ha sido localizada sin vida. No es el regreso que soñé. No es el abrazo que esperé durante tantas noches…pero al fin vuelve a casa”.
Son las palabras de Elena López (Helen Lo Gu), quien se volvió madre buscadora por azares del destino, ante la inacción de las autoridades capitalinas para encontrar a su hija.
Casi durante nueve años buscó aquí y allá, en medio del cansancio y la añoranza, la esperanza y la fe que le dieron fuerzas, pese a que su familia “quedó mutilada” con la desaparición de su hija.
Indagó en cualquier parte donde creía que tal vez podría encontrarla o al menos saber un dato que sirviera para localizarla. No hubo resultados.
Autoridades de la Fiscalía capitalina llegaron a decirle que ni siquiera había ficha de búsqueda de su hija. Así el desprecio oficial por la vida de un ser humano.
“Quisiera morirme”, pensó Helen Lo Gu en alguna ocasión y por un instante, en medio de la desesperación. Pero casi de inmediato recordaba su “obligación de vivir por ti (Elena Liliette), por mis niñas (sus nietas, hijas de su hija) y también por mí”.
Y otra vez a caminar, a buscar incansablemente.
En ese andar encontró a Jaki Palmeros, fundadora del colectivo Una Luz en el Camino.
La desgracia las hermanó: la activista sufrió la desaparición de su hija Jael Monserrat el 24 de julio de 2020, en los límites de Iztacalco e Iztapalapa. En noviembre de 2024 se localizaron restos óseos de la joven en el Ajusco; su identidad fue confirmada en enero de 2025.

NOTICIA FUNESTA
El viernes 13 de febrero de 2026, Helen Lo Gu por fin supo dónde estaba su hija: un funcionario de la Fiscalía de la CDMX se comunicó para informar que Elena Liliette estaba en una fosa común del Semefo de Tlaxcala.
Ahí estuvo, en calidad de desconocida, desde que fue encontrada sin vida el 13 de agosto de 2017 en el canal de agua Las Palmas, en inmediaciones de la carretera México-Veracruz a la altura del kilómetro 153+300 en el municipio de Huamantla, Tlaxcala. El hallazgo de sus restos fue 23 días después de su desaparición en la CDMX.
“No fue secuestro, no me pidieron recompensa. Las cámaras del C5 no servían. La única que funcionaba apuntaba al flujo vehicular. (La policía de investigación) dejó perder videos, pruebas o cosas clave que nos pudieron ayudar a saber dónde estaba. Fueron casi nueve años de incertidumbre, de omisiones. Yo investigaba, yo llevaba pruebas pero nunca prosperó nada”, sostuvo la madre de la víctima en una entrevista con la reportera de N+, Itzel Cruz Alanís.
Hasta ahora, se desconoce quién pudo privar de la vida a esa joven.
Lo único que sabe Helen Lo Gu es que la causa del deceso fue por “muerte indeterminada”. Eso le habrían dicho en la Fiscalía de Tlaxcala.
SISTEMA FALLIDO
“Misión cumplida”, escribió Elena López en su cuenta de Facebook el 15 de febrero de este año: por fin había encontrado a su hija.
Pero sobrevivir a esa pesadilla no fue fácil para la madre de la víctima durante casi nueve años: desde que la joven desapareció el 20 de julio de 2017 “mi vida se partió en dos. Hoy mi niña vuelve para tener un lugar digno dónde descansar; vuelve para que su familia tenga un sitio dónde llorarle, dónde llevarle flores, dónde hablarle y sentirla cerquita. Vuelve para que su historia no quede en el olvido”.
Hoy también es momento de ser agradecida con quienes le acompañaron en estos años, “a quienes compartieron su fotografía, a quienes caminaron conmigo en búsquedas, a quienes elevaron una oración por ella, a quienes me abrazaron cuando sentía que ya no podía más. Gracias por no soltar mi mano. Gracias por no olvidar a mi hija”.
Un agradecimiento especial es para Jaki Palmeros del colectivo Una Luz en el Camino, quien acompañó a “nuestra querida Helen a la notificación indigna del hallazgo de su amada Elena Liliet”.
“¿Que porqué indigna?”, se preguntó la activista.
Ella misma se respondió: “porque su amada hija fue localizada tan solo 23 días después de su desaparición en el estado de Tlaxcala. Cuánto tiempo, lágrimas, enfermedades, negligencias, omisiones, indolencias, búsquedas, administraciones, etc, etc, tuvieron que pasar para que ella, que siempre estuvo ahí esperando a ser encontrada y llevada de regreso a su hogar, fuera localizada y notificada a su familia que la busco durante 8 años y 7 meses en la CDMX”.
Aún más: Jaki Palmeros cuestionó: “¿Qué tipo de sistema, que se dice está avanzando, sigue fallando de esta manera tan inhumana? De verdad es indigno que esto se siga repitiendo en todos los estados de la República. ¿Hasta cuándo los funcionarios, que supuestamente están encargados de la procuración de justicia y localización de nuestros seres queridos, entenderán que siguen fallando, que hace falta la unificación de un sistema a nivel nacional que cruce la información de cada estado para que las familias no sigamos caminando por años y muriendo en muchas ocasiones en el intento?”.
Por eso no dudó en afirmar que “Elena Liliette es una muestra más del dolor y de un sistema fallido, Elena Liliette: la única que nunca te falló fue tu madre, quien, con su amor y perseverancia, hoy puede decirte PROMESA CUMPLIDA. ¡Por fin regresas a casa!”.
Y sí, ya de vuelta a la casa materna, Helen Lo Gu sabe que a su hija “ya nunca nadie volverá a lastimarte, porque te llevaré a un lugar donde jamás volverás a sentir miedo, frío, hambre y nunca más volverás a estar sola. Mientras, yo te guardaré ahí, en un rinconcito de mi corazón donde nunca más nadie te podrá sacar. Vuela tan alto como puedas mi princesa y espérame porque pronto volveremos a estar juntas”.
Una parte de su misión está cumplida, pero falta la otra: ahora buscará justicia para su hija, para sus nietas porque “mi Lily no fue un número, no fue una carpeta más. Fue mi niña, mi alegría, mi orgullo, el amor más grande de mi vida. Hoy mi corazón está lleno de dolor, pero también de paz, porque después de tanto tiempo de incertidumbre, sé dónde está mi hija. Y aunque no la tenga como quería, la tengo de regreso en casa”.