23 junio, 2026
(Fabián Robles/23 de junio 2026) Lorena Cuéllar Cisneros se ha empeñado en vendernos la idea de que, con su llegada al gobierno en agosto de 2021, se comenzó a escribir “una nueva historia” en Tlaxcala…y tiene razón, al menos en lo que toca a la presencia del crimen organizado en la entidad. Esa que, en su discurso tan manido, ha dicho que no existe en el estado, al que además sigue presumiendo como el más seguro de todo el país.
Como en ninguna otra administración —de los años que me han tocado reportear desde los tiempos de la priista Beatriz Paredes—, la de la morenista es la que registra más episodios y detenciones relacionadas con grupos delincuenciales ligados al narco. Esa sí que es una nueva historia porque nunca antes se había visto algo similar.
Para su infortunio —y, desde luego, para el de los tlaxcaltecas todos— los hechos le pegan en el rostro. Realidades que echan por tierra sus dichos y evidencian sus mentiras.
La puntilla que puso fin al discurso oficial triunfalista fue el hallazgo y decomiso de 900 paquetes con cocaína —equivalentes a un millón 800 mil dosis de esa droga— tasados en un precio de al menos 194 millones de pesos, una afectación por demás significativa para la delincuencia organizada.
El aseguramiento de aproximadamente una tonelada de ese estupefaciente tuvo lugar el lunes de esta semana en un inmueble de Xocoyucan, en el municipio de Ixtacuixtla. Se trata, pues, de la incautación más grande de drogas registrada en Tlaxcala de la que se tenga memoria.
El hecho habla por sí mismo y evidencia el asentamiento de cárteles en territorio tlaxcalteca; reafirma lo plasmado en diversos reportes de la DEA (agencia antidrogas de los Estados Unidos) sobre la operación aquí de grupos del crimen organizado. Informes a los que el gobierno estatal no ha dado credibilidad y los ha desestimado.
Pero ese golpe al narco no ha sido el único y tal vez tampoco sea el último propinado por fuerzas federales que han actuado durante estos cinco años en contra de integrantes de células de los cárteles de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación, Sangre Nueva Zeta, La Familia Michoacana y de La Unión Tepito, asentadas en la entidad.
En el último lustro han sido aprehendidos en suelo tlaxcalteca, entre otros, Renat Dassae alias “El Daza”, presunto líder de la célula delictiva “UJ40” (vinculada con la Unión Tepito). El 19 de mayo de ese año fue detenido en Yauhquemehcan donde, según la Fiscalía de la CDMX, se resguardaba y ahí mismo tenía ya su centro de operaciones.
A esa se suman las detenciones en Totolac de José Armando N., alias “El Callejas” o “Comandante Callejas”, líder de una célula delictiva vinculada a La Familia Michoacana; en Santa Cruz Tlaxcala, cayó Isaac N., alias “El Hacha”, presunto operador regional del CJNG tras un operativo que inició en Tetla, donde supuestamente radicaba.
Otra más es la de Jorge N., integrante de una célula de la organización delictiva conocida como “Sangre Nueva Zeta”, dedicada al robo de gas LP en Puebla.
Una detención relevante ha sido la de José Alberto N, alias “El Paletas”, por supuestos vínculos con el crimen organizado en el municipio de Apizaco. Ocurrió en septiembre de 2024.
En la lista también aparecen las aprehensiones en 2022 de Luis N., alias “Don Grifo” o “El Gris”, y Luis Octavio N., alias “El Mompín”, presuntos secuestradores y generadores de violencia del Cártel de Sinaloa en Tlaxcala, según autoridades federales.
Si bien Audias N., alias “El Jardinero” —supuesto sucesor de Nemesio Oseguera “El Mencho” al frente del CJNG— fue aprehendido en Nayarit, mantenía control criminal sobre corredores logísticos estratégicos en varios estados del occidente y centro del país, entre los que se encuentra Tlaxcala con conexión hacia Puebla.
Otro dato que echa por tierra el discurso de la administración morenista es el desmantelamiento de ocho narcolaboratorios: la mitad de esos espacios fue deshabilitada entre enero y junio de 2025 en el municipio de Tlaxco; dos fueron considerados grandes por el gobierno federal, dados los elevados niveles de producción de metanfetamina.
Dos de los laboratorios clandestinos presuntamente eran operados por una célula vinculada al Cártel de Sinaloa, perteneciente a la facción de “El Mayito Flaco”.
Otros cuatro narcolaboratorios fueron desmantelados durante 2023 en San Miguel Contla, municipio de Santa Cruz Tlaxcala; San Isidro Buensuceso, en San Pablo del Monte; Santa Cruz Tenancingo, en Hueyotlipan; y Santa Rosa de Lima, en Ixtacuixtla, donde se producían drogas sintéticas.
A pesar de esas evidencias irrefutables, Lorena Cuéllar dijo en su momento que “todavía, gracias a dios, no tenemos situaciones tan terribles como en otros estados (…) afortunadamente estaban llegando (los narcolaboratorios) y además la venta (de droga) no se hacía aquí, venía gente de Puebla”.
Este recuento evidencia que sí hay una nueva historia en Tlaxcala relacionada con integrantes y operaciones de esos grupos delincuenciales.
Ante esos hechos queda para el anecdotario lo que me declaró el 7 de octubre de 1994 Federico Barbosa Gutiérrez, entonces secretario de Gobierno en el sexenio del priista José Antonio Álvarez Lima.
En entrevista al término de un acto en Apizaco desveló —sin preciar fecha ni dar más detalles— que Juan García Abrego, otrora jefe del Cártel del Golfo, a través “de interpósita persona”, hizo un ofrecimiento formal al gobierno para comprar el Centro Vacacional La Trinidad, ubicado en el municipio de Santa Cruz Tlaxcala.
La intención, después se sabría, era habilitar en ese lugar al menos una pista para el aterrizaje de aeronaves cargadas de droga procedente de Colombia. También se pretendía utilizar el espacio como helipuerto.
Lo dicho a este reportero por Federico Barbosa —y después ratificado en una plática informal en la que también estuvieron presentes los colegas Sergio Enrique Díaz y Francisco Javier Conde— nunca fue desmentido ni aceptado por el gobernador de aquella época.
El dato, sin embargo, sirvió para elaborar un reportaje sobre pistas clandestinas en la zona norte del estado y el aseguramiento de cinco avionetas utilizadas para el trasiego de drogas, las cuales permanecieron un tiempo resguardadas, con sellos de la PGR, en el aeropuerto de Atlangatepec.
El texto fue publicado en las páginas de El Universal Tlaxcala, pero no gustó y levantó ámpula. Nuestro jefe, Arturo Luna, y nuestro compañero Sergio Enrique Díaz, quienes firmaron el reportaje, fueron blanco de amenazas. Afortunadamente nada les pasó.